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Somos una Familia Misionera

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familia.jpgImagen: La familia

BoliviaMisionera:7.4.2010 Desde el lema: “Tú y Yo Somos Misioneros” que lleva adelante la Jornada de la Infancia y Adolescencia Misionera, todo niño y adolescente está llamado a vivir la misión desde su familia y con ella. La Sagrada Familia de Nazareth es el modelo de vida, a pesar de ser una familia que confiaba mucho en  Dios, también tuvo momentos de dificultad y prueba que se pueden descubrirse a través de los evangelios: sufrieron escasez, persecución, fueron migrantes, el padre muere y la madre queda viuda y por último el hijo es condenado a muerte y luego resucita.

 

 

Debemos orar  y dar gracias a Dios, por la familia que cada uno tiene, y por qué no, descubrir los valores que en ella habitan. Como verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo, todos estamos llamados a depositar en las manos del Señor: nuestra vida, confianza, comunidades, parroquias, amigos y compañeros de curso. La formación misionera que cada uno recibió, debe ser el pilar para vivir con intensidad el amor del Padre y formar la Escuela de Jesús.

 

Esto es lo que afirmaba con claridad el Papa Juan Pablo II, en su documento sobre la familia cristiana: “La familia, al igual que la Iglesia, debe ser un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde dónde esté se irradia... Dentro pues, de una familia consciente de esa misión todos los miembros de la misma evangelizan y son evangelizados… Una familia  así se hace evangelizadora de otras muchas familias y del ambiente en que ella vive”…

 

Por eso estamos invitados a vivir desde nuestra experiencia, estos signos de vida junto a nuestros padres, hermanos y demás familiares con los que compartimos siempre, y de esta forma lograremos  ser una gran “familia misionera” y por qué no comprometerse a ser una “familia animadora”. Comprometiéndose a ser: luz para otras familias, ser fieles al Señor, manifestar el amor y la ternura, ser solidarios con los demás y ser sus discípulos.

 

Los retos que acompañan a la familia misionera más allá de anunciar el Evangelio y proyectarse en las Comunidades, es: dar testimonio de comunión familiar, ayudar a las familias necesitadas, siendo solidarios con los demás niños del mundo, ayudar a las familias necesitadas, orar y visitar a los hermanos enfermos. Pues, una familia cristiana no puede quedarse pasiva y con el fin de promover en cada familia la disponibilidad de misionar mucho más allá de las fronteras, serán otros grandes retos:

 

Vivir todos los días en un espíritu de familia universal, orar por nuestros pastores y consagrados del mundo entero, ofrecer sacrificios por la misión, contribuir con nuestra ofrenda económica a las misiones, hacer misión con nuestros grupos en nuestros propios barrios y otras comunidades, tener la capacidad y el corazón abierto para recibir a otras familias que buscan visitarnos y compartirnos su fe, su experiencia de vida y su dinamismo misionero.

 

 

Entonces como discípulos del Señor hemos encontrado varias tareas pendientes que es necesario ponerse manos a la obra, porque el Señor aún necesita de muchos trabajadores para sus mies que estén dispuestos a dar la vida como el la dio por cada uno de nosotros. Estamos alertados para no desanimarnos en el camino y cuando se sienta el cansancio el único ingrediente es abandonarse en los brazos de nuestro Señor, continuemos sembrando amor, fe y esperanza porque: “tú y yo somos misioneros”.

VI Congreso Misionero

Obras misionales

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