| Tarde misionera en Aiquile |
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Antes los niños habían recibido agua, un pancito y un plátano como refrigerio. Sus animadores además habían previsto cantos y dinámicas y todos tenían algo planificado pero también la creatividad para adaptarse a las circunstancias y eventualidades que iban a surgir en el camino. Hubo un poco de todo y fue muy gratificante escuchar luego por la noche a muchos de los niños compartir sus experiencias misioneras. Todos retornaron cansados pero muy contentos por la experiencia. Las dificultades que encontraron pasaron rápidamente al recuerdo y quedaron la satisfacción, la alegría, las anécdotas, los amigos que hicieron, las canciones y las dinámicas y, sobre todo, la experiencia de haber sido capaces de compartir y celebrar su fe con otros hermanos, grandes y pequeños.Escuchando sus experiencias todos celebraban. Todos salieron animados cantando, luego surgieron los imprevistos, en algunos casos no los esperaba nadie y tuvieron que darse modos para convocar a la gente. Organizarse en grupos, megáfonos en esquinas, dulces y hasta partidos de fútbol fueron los modos para lograr respuesta. Después del desconcierto inicial la gente llegó, primero tímidos y poco a poco más amigos, hasta cantar, jugar, orar, reflexionar y celebrar la Eucaristía juntos. Es bueno estar en Aiquile estos días presenciando la obra de Dios, a través de misioneros niños y jóvenes que realizan sus “primeras experiencias” apoyados en la fe y con la ilusión y confianza propios de sus primeros años de vida ¿esto significa algo para toda la Iglesia católica en Bolivia? Personalmente creo que sí y mucho. |
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Foto.- Mons. Jorge Herbas, Obispo Prelado de Aiquile, bendice y envía a los pequeños misioneros.
Antes los niños habían recibido agua, un pancito y un plátano como refrigerio. Sus animadores además habían previsto cantos y dinámicas y todos tenían algo planificado pero también la creatividad para adaptarse a las circunstancias y eventualidades que iban a surgir en el camino. Hubo un poco de todo y fue muy gratificante escuchar luego por la noche a muchos de los niños compartir sus experiencias misioneras. Todos retornaron cansados pero muy contentos por la experiencia. Las dificultades que encontraron pasaron rápidamente al recuerdo y quedaron la satisfacción, la alegría, las anécdotas, los amigos que hicieron, las canciones y las dinámicas y, sobre todo, la experiencia de haber sido capaces de compartir y celebrar su fe con otros hermanos, grandes y pequeños.
Es bueno estar en Aiquile estos días presenciando la obra de Dios, a través de misioneros niños y jóvenes que realizan sus “primeras experiencias” apoyados en la fe y con la ilusión y confianza propios de sus primeros años de vida ¿esto significa algo para toda la Iglesia católica en Bolivia? Personalmente creo que sí y mucho.