| Testimonios de fe que recorren el mundo |
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Foto: Ingreso al Hogar de ancianos San Ramón/ ManáSM / Bolivia Misionera. 04.08.09: La hermana María del Pilar Morcuende llega a Bolivia el año 2003 para hacerse cargo del Hogar de Ancianos San Ramón, en la ciudad de La Paz, como Superiora General. Enterado de que dejará Bolivia para cumplir otra misión encomendada por sus superioras y conocedor de su valioso trabajo evangelizador en el Hogar, me dirigí inmediatamente a la zona de Achumani, que es donde está ubicado este centro de ancianos y solicité una entrevista a pocas horas de su partida. Al principio me dijo que no le gustaban las entrevistas, pero ayudado por la Nueva superiora hermana María del Carmen Laguna, accedió a mi solicitud, aunque tuve que esperar algunos minutos, que me sirvieron para observar el gran trabajo que llevan adelante las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en nuestra ciudad. El momento llegó y al entrar a su oficina encontré a la hermana Pilar organizando algunos papeles y la primera palabra que me dijo fue “escogiste un mal momento para la entrevista, tengo muchas cosas pendientes todavía” y con una sonrisa se sentó y empezamos inmediatamente. Hermana Pilar (HP) ¿Cuándo y bajo qué circunstancias llega a Bolivia? (HP) Llegué a Bolivia el 29 de octubre del año 2003, pocos días después de los acontecimientos sucedidos en el famoso octubre negro y la “guerra del gas”. Mi llegada estaba prevista para días antes pero tuve que esperar en España hasta que se calmaran los ánimos en el país y especialmente aquí en La Paz. ¿Cómo fueron sus primeros días de trabajo aquí en Bolivia? (HP) Bueno los primeros días he intentado acomodarme, ya que el ambiente era totalmente distinto al que yo viví hasta ese momento en España. Pero bueno procuré ser una más entre todos los bolivianos, me acomodé a toda clase de costumbres, de manera de ver muchas cosas. ¿Cómo fue la vida con los abuelitos y abuelitas en este hogar de ancianos? (HP) (Su rostro dibujó una sonrisa de satisfacción) Con los abuelitos he disfrutado muchísimo, ya que son muy sencillos, muy acogedores, muy amigos de fiesta, lo cual me ha encantado, la alegría que manifiestan, el baile que les encanta, fue realmente muy lindo. ¿Como evalúa su trabajo en estos años? (HP) (Se acomoda en el sillón y con un rostro más serio nos responde)En casa he intentado trabajar según mis posibilidades, seguramente hubiera querido avanzar más pero las circunstancias me han cortado muchas alas, pero he estado siempre atenta a todas las necesidades que tienen nuestros abuelos. A la gente que viene a colaborar, para sus prácticas hemos intentado darles todo el apoyo y las facilidades para que trabajen dentro del hogar ¿Y en la parte espiritual cómo le fue? (HP) En la parte espiritual que es nuestra principal misión, en el cuidado de los ancianos, pues también lo poco que podemos con los abuelitos, ya que sus mentes ya no están tan claras, también hemos procurado acomodarnos a su manera de ver la vida religiosa. Entonces, entramos con cosa pequeñas como el rezo del Santo Rosario, inculcarles para que practicaran el sacramento de la reconciliación y la unción de los enfermos, que estuvieran abiertos a recibir este sacramento ya que todos los años se les administra y principalmente que se acercarán al sacramento de la Eucaristía para que les pueda reconfortar en sus últimos años. ¿Qué es lo más importante que se les puede ofrecer a los ancianos? (HP) Bueno sobre todo dar mucho cariño, pienso que con los abuelitos se puede hacer muy poco y darles afecto y cariño es lo más importante y eso es lo que hice desde el primer día que llegue a Bolivia. ¿Cuál será el mejor recuerdo que se lleva de sus abuelitos y abuelitas? (HP) La verdad que son muchos (en silencio su rostro muestra una sonrisa, que seguramente evoca grandes momentos), son cantidad de recuerdos y anécdotas, ya que todos los días hay una nueva historia que contar, al final del día y entre todas las hermanas al final del día nos reímos mucho ya que los abuelitos son como niños, es decir nuevamente se hacen niños sus travesuras son parecidas a las de los niños. Un momento de silencio invadió la oficina y fue tiempo de una pregunta que quizás muchos no nos atrevemos a decir, ya que tratándose de un hogar de ancianos la muerte es tal vez un episodio casi frecuente. ¿Cómo ve la muerte hermana y como se apoya a los abuelitos en esta situación? (HP) (Su rostro se llenó de serenidad y de paz y dándose unos segundos de silencio me dijo) Yo llevo 32 años cuidando a los abuelitos y la muerte la veo como un paso más en el camino de retorno al Padre, a pesar de que en muchos casos una se encariña y ve a los abuelitos como si fueran un familiar. Pero eso sí, yo siempre he procurado y he pedido a las hermanitas que en los últimos momentos de vida de los abuelitos, debemos estar presentes con una palabra de consuelo y que el Padre Dios Misericordioso nos espera y que olvida todas nuestra tonterías, porque son tonterías al fin y al cabo las cosas que nos pasan en la vida, y está con los brazos abiertos esperándonos. Entonces es importante acompañarlo sujetarle de la mano para que sienta la cercanía de una persona que lo atiende, sobre todo a los ancianos que no cuentan con un familiar, que en el caso que sí lo hubiera qué mejor que ellos lo acompañen en sus últimos momentos. Pero ya le digo no es el final sino que continuamos el camino y allá disfrutaremos todo lo que aquí en esta vida no lo pudimos hacer. Santa Teresa Jornet, fundadora de su congregación tiene muchas frases y pensamientos, ¿Nos podría decir alguna que alienta su fe? (HP) Bueno tiene muchas frases pero en el caso concreto de nuestros ancianos ella repetía muchas veces “cuidemos sus cuerpos para salvar sus almas”. No es nuestra misión aquí en la tierra simplemente darles el cobijo material como el alimento y casa; sino nuestro fin último es salvar sus almas y eso es lo que deben ver en nosotras, personas con vocación para acercarlos al Padre. Al decir estas últimas palabras se levantó del sillón donde estaba y me dijo, “bueno eso es todo espero que te sirva” y aunque insistí, no pude sacarle una fotografía. Al salir del Hogar San Ramón y luego de ir meditando las palabras de la hermana Pilar me di cuenta que ésta es una de las vocaciones más especiales que una persona puede tener y que gracias a Dios, que piensa en todo, está ahí bajo el cobijo de la Iglesia Católica trabajando en el anonimato, viviendo momentos alegres y tristes en una familia que rebasa los lazos de la sangre y fortalece el lazo sublime y misericordioso del Amor de Dios. Buen viaje hermana Pilar y que Dios siga bendiciendo su vocación y servicio al prójimo |
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